Salvar los océanos: un desafío global y tecnológico urgente
Los océanos cubren más de un 70 % de la superficie terrestre y son fundamentales para la regulación del clima, la producción de oxígeno y el sustento de miles de millones de personas. Actúan como pulmones del planeta, absorbiendo el 90 % del exceso de calor y aproximadamente una cuarta parte del CO₂ producido por los humanos. Además, albergan una biodiversidad inmensa, con más de 2 millones de especies conocidas y muchas aún por descubrir, esenciales para la resiliencia de los ecosistemas marinos . La conservación de estos ecosistemas marinos es clave no solo para preservar la vida marina, sino también para garantizar el bienestar humano, el desarrollo sostenible y la seguridad alimentaria.
En Niza, durante la UNOC3, España dio un paso significativo al declarar dos nuevas Zonas de Especial Protección para las Aves (ZEPA) en Canarias y proponer múltiples Lugares de Interés Comunitario (LIC), protegiendo más de 3,1 millones de hectáreas de mar sin protección previa. Además, se estableció una hoja de ruta para aprobar más de 40 planes de gestión en áreas marinas protegidas durante el próximo año, con vistas a alcanzar un 25,7 % de superficie marina protegida, camino del 30 % para 2030 . La iniciativa también incluye la incorporación de cinco nuevas áreas a la Red Natura 2000, así como la promoción de parques nacionales marinos y zonas de cría del cachalote, reforzando el compromiso español con una conservación efectiva y conectada con acciones europeas e internacionales.
La agenda compartida de UNOC3 subrayó también desafíos globales críticos: solo el 2,7 % de los océanos están actualmente protegidos de forma efectiva, muy lejos del objetivo global de 30 % para 2030. Líderes como John Kerry advirtieron sobre las amenazas del sobrepesca, la contaminación plástica y la destrucción de hábitats, buscando catalizar decisiones como la ratificación del Tratado de Alta Mar y la eliminación de subsidios dañinos . Asimismo, se destacó la urgencia de detener la minería submarina, los derrames y la expansión de combustibles fósiles offshore, firmando declaraciones específicas en estos sentidos .
Complementariamente, innovaciones tecnológicas como la inteligencia artificial están despuntando como herramientas clave para proteger los océanos. Por ejemplo, el proyecto Digital Twin del Mercator Ocean permite simular escenarios climáticos marinos y optimizar la pesca sostenible, mientras otros desarrollos ayudan a vigilar la calidad del agua y combatir la pesca ilegal. Estas soluciones demuestran que, combinando ciencia, tecnología y voluntad política, es posible revertir la degradación marina de manera más eficaz, siempre que se financien adecuadamente y se promueva la cooperación global.
La defensa de los océanos representa un imperativo doble: proteger un patrimonio natural esencial con múltiples beneficios —desde la regulación climática y la biodiversidad hasta la pesca, el turismo y la salud humana— y garantizar la equidad y seguridad de las comunidades costeñas, especialmente aquellas en pequeñas islas . Iniciativas como las de España, junto con esfuerzos multilaterales como el Fondo Azul y el Pacto Europeo de los Océanos, mostraron en Niza que la acción colectiva es posible. Si la comunidad internacional cumple su promesa de salvaguardar al menos un 30 % de mares para 2030, podremos asegurar un océano saludable y resiliente para las generaciones presentes y futuras.